El nombre de fumeral le viene porque con esta forma de colocación el pañuelo parecía una especie de chimenea.
Este modelo de pañuelo en ocasiones incorporaba elementos rígidos para conseguir gran altura.
El nombre de fumeral le viene porque con esta forma de colocación el pañuelo parecía una especie de chimenea.
Este modelo de pañuelo en ocasiones incorporaba elementos rígidos para conseguir gran altura.
Los solemos identificar y llamar como pendientes de la Verge porque son los que en ocasiones luce la Virgen de los Desamparados.
Su estructura es similar a otro tipo de pendientes, constan de un orejal o candado, una segunda pieza central apaisada. Y tres colgantes con forma de almendra que penden de esta pieza.
Estos pendientes fueron muy utilizados por mujeres de nivel social elevado. Solían estar realizados en oro o plata y podrían llevar incrustaciones de diamantes o strass.
Su tamaño podía variar, los había más pequeños y otros más largos, llegando en ocasiones a tener un tamaño considerable.
Era una prenda llevada para más vestir, utilizándose en celebraciones religiosas y festivas. Generalmente pasaba de padres a hijos y era lucida por personalidades importantes como regidores, alcaldes, etc.
Solía llevarse acompañada de sombreros, normalmente de copa alta o cosiol.
Su color era oscuro como el negro o el pardo, aunque hubo en menor medida de otros colores.
El tejido con el que estaban confeccionadas normalmente era el paño o la lana, aunque las había de tejidos más ligeros y brillantes utilizadas por familias más ricas.
Las ornamentaciones más frecuentes estaban situadas en la esclavina, en ocasiones adornadas con galones. El cuello va reforzado con entretela y con pespuntes para darle mayor consistencia. Estos pespuntes podían tener forma geométrica y servir también como adorno.
El cuello y la esclavina solían ir ribeteadas con un vivo de seda o de cuero fino. También podían llevar adornos de terciopelo de diferentes colores.
No siempre llevaban vistas o aseos delanteros, pero de llevarlos eran de paño o terciopelo de color negro o de otro color como el rojo o verde.
Normalmente las capas iban sueltas aunque en ocasiones llevaban algún lazo o pieza metálica en el cuello que servían para atarse.
Las primeras mujeres en llevarlos eran de clases sociales elevadas y es a mediados del siglo XIX cuando empieza a utilizarse por mujeres de condición social más baja.
Su estructura inicial era de dos camales o perneras abiertos en la entrepierna. Más adelante con la evolución de la pieza se cerró esta zona juntando los dos camales.
La parte superior llega hasta la cintura donde se sujeta por medio de una pretina y se distribuye el vuelo. La parte de abajo de los camales es amplia y se recoge el vuelo debajo de las rodillas. Normalmente las guarniciones más abundantes iban en esta zona.
Los tejidos empleados para su confección eran las telas finas como el hilo o el algodón y su color era el blanco o crudo. Solían ir guarnecidas con puntillas.
En la parte derecha del cuadro aparece un grupo de personas tres mujeres y un hombre que caminan todos juntos. Por la indumentaria que llevan seguramente van o vienen de alguna ceremonia religiosa.
El hombre lleva una capa que cubre todo el cuerpo y no deja ver la ropa que lleva debajo, solo podemos ver que lleva unas medias también de color azul. Como calzado utiliza unas alpargatas o espardenyes. En la cabeza también lleva un sombrero de copa baja como el otro personaje, este tipo de sombreros como ya comentamos fue muy utilizado por todo tipo de hombres y condición social.
Las tres mujeres llevan faldas o guardapiés de colores llamativos, amarillo, azul y rojo. Como prenda de abrigo lucen unos mantones de Manila, de color ocre, negro y verde, con sus bordados y flecos característicos.
Cubriendo la cabeza las tres llevan una mantilla de media luna de color negro, típicas valencianas.

Cubría desde el abdomen hasta por debajo de las rodillas donde se ataba recogiendo el vuelo. Sobresalían un poco por debajo del calzón de vestir.
Estaban confeccionadas con lino o algodón y eran de color blanco.
Las más antiguas llevaban tapa para abrocharse a la cintura como los calzones. Las más recientes ya llevaban abertura delantera.
Su utilidad era la de proteger el cuerpo de los roces de otras prendas de vestir confeccionadas con tejidos más gruesos.
Es una pieza de tejido con forma semicircular. La parte recta va situada en la frente y la semicircular cae sobre los hombros y la espalda.
Los tejidos empleados para su confección eran muy variados, desde finos como la muselina, tul, seda; o gruesos como el paño. Hasta mitad del siglo XIX solían ser de color blanco y de tejidos opacos como la bayeta o el paño, o translucidos como la seda, el tul y las muselinas. Las ornamentaciones solían ser de bordados en cadeneta para las realizadas con tejido fino y para las de tejido grueso una cinta de seda alrededor del borde.
A partir de la segunda mitad del siglo XIX aparecen las de color negro y de tejidos espesos de paño y seda. Las más ricas solían llevar ornamentos a base de bordados de realce, recortes de terciopelo, pasamanerías, aplicaciones de abalorios, etc.
Otras más sencillas llevaban una cinta o bies de terciopelo o seda por todo el contorno de la pieza formando una especie de cenefa.
Otra variedad de esta forma es cuando se ata en la sien derecha.
Los abanicos constan de una serie de piezas que lo componen.
El abanico plegable se creó en torno al siglo VII, se cree que fue un fabricante japonés el que tuvo la idea al observar las alas de un murciélago. Aunque otros lo atribuyen a un fabricante chino. En Europa se conoce desde finales del siglo XV, fue traído desde China y Japón por los portugueses en sus rutas comerciales hacia Oriente.
El abanico se popularizó y extendió por toda Europa, en un primer momento fue utilizado por damas de clase alta y luego por todas las capas de la sociedad. En los siglos XVII y XVIII el abanico plegable alcanza una gran difusión, especialmente en Italia, Francia, Inglaterra y España, llegando a ser un instrumento de distinción, elegancia y coquetería femenina.
En el siglo XVIII se instaló en España el artesano francés Eugenio Prost convirtiendo a España en uno de los principales productores del mundo rivalizando con italianos y franceses. Ese mismo siglo se crea el Gremio de Abaniqueros y a principios del siglo XIX se funda la Real Fábrica de Abanicos.
En este período, Valencia se consolidó como centro productor. En 1802 existe ya en Valencia una Real Fábrica de Abanicos, destacando esta comunidad a nivel europeo en la industria del abanico.
En el siglo XIX el industrial alicantino José Coromina revolucionó la producción de abanicos que experimentó un gran auge hasta la guerra civil. En el año 1948 el abanico en Valencia comenzó a resurgir y las manufacturas empezaron nuevamente a hacerse realidad en centros como Godella y Aldaya. En la fecha actual el abanico ha recobrado su importancia de la mano de artistas Valencianos.
La representación pictórica del abanico es muy importante y han sido muchas reinas y damas de la antiguedad retratadas con el. También los artistas valencianos pintaron muchos cuadros de temática costumbrista donde se observa esta pieza.
Los tejidos empleados para la confección de las mantillas eran la lana, seda y algodón. Dentro de las de lana estaban las de bayeta o paño que fueron muy utilizadas.
Próximamente hablaremos de todas ellas de forma más detallada.
Suelen estar realizados en oro, plata o plata sobredorada y adornadas con piedras verdes y espejuelos la mayoría de las veces.
Existían dos versiones de estos pendientes. Una más rica donde las piedras eran las protagonistas de la pieza y otra donde el protagonismo es del metal sobre las piedras.
Esta versión era más popular que la otra.
Podemos ver que hay varias formas de mantillas como la redonda o mitja lluna que luce la niña pequeña y la mujer de su lado y el terno que lleva la mujer que esta en el centro del cuadro. Todas ellas son de color negro.
Analizaremos los trajes de la niña y de la mujer central de una forma más detallada porque son los que mejor se ven. La niña luce una falda o guardapiés de color anaranjado y una camisa blanca de manga larga. También luce un mantoncito de color rosa con pequeños flecos. Sobre la cabeza lleva una mantilla redona o mitja lluna negra muy tupida, posiblemente de paño o de terciopelo.
La mujer protagonista luce una falda en tonos claros con un pequeño dibujo y una cenefa en la parte baja de la falda. Como prenda de abrigo lleva un mantón de Manila con sus flecos característicos. A la cabeza lleva una mantilla de mayor longitud que la anterior llamada terno, con el encaje alrededor de una pieza de raso o seda.
Ahora observemos a los hombres que aparecen en el cuadro. El hombre situado en la parte derecha llevan traje de calzón y chupa de color azul marino, bajo del brazo vemos que lleva una manta roja a rayas de colores claros y un sombrero de ala baja o rodina. A la cabeza luce un pañuelo estampado en tonos azules anudado de la forma de cua o en tres que era una forma muy popular de llevarlo.
En la parte de detrás vemos a otro hombre que se ata el pañuelo en la frente a la salida de la iglesia, este es de color rojizo. Vemos que lleva una camisa blanca, un pequeño chaleco y una faja de tono oscuro.
Llama un poco la atención que todas las personas llevan ropas de abrigo como mantas y mantones. Mientras que la mujer del centro y otra que hay más a la izquierda salen de la iglesia abanicándose.
El abanico es un complemento muy antiguo y popular utilizado por todo tipo de mujeres. En nuestra comunidad ha sido y aún es muy importante su elaboración existiendo muchos lugares dedicados a ello.

Compositivamente, también podemos hablar de la posible utilización de la sección áurea en la distribución de elementos sobre la superficie pictórica. Las particiones áureas con respecto a la base del cuadro, originan dos líneas verticales que enmarcan los elementos de atención tratados antes: la silla y el abanico. Por otro lado, las particiones con respecto al lado, generan las dos líneas horizontales, una de las cuales pasa por los ojos de la mujer que mira al espectador en la parte izquierda, y la otra enmarca a la niña, así como la manta morellana que lleva recogida bajo el brazo el hombre de la derecha.
En cuanto al ritmo o repetición de formas, podemos advertir una serie de arcos que generan las distintas espaldas de los personajes y que contribuyen a reforzar el movimiento diagonal de arriba abajo y de derecha a izquierda.
En lo que se refiere al color, destaca el predominio de colores tierra y rojos, aderezados con blanco y con negro. Tan solo ligeras notas de verde en la falda de la mujer del centro y azules en el traje del hombre de la derecha aportan el necesario contraste cromático. En cuanto al contraste tonal, la gama queda muy bien definida gracias a los blancos y negros que la acotan y los tonos tierra que rellenan la zona intermedia. La luz, contribuye en esta obra a dibujar las siluetas de los personajes y sobre todo los rostros de los diferentes personajes.
Antiguamente era de seda, pero en el siglo XX también se realiza con acetato, rayón y algodón, o de cualquier fibra.