Bienvenidos

Este blog trata sobre indumentaria valenciana. Analizamos piezas actuales y antiguas, desde el rigor histórico y la iconografía pictórica de diversos artistas valencianos.

También esperamos realizar entrevistas a distintas indumentaristas, artesanos, falleras y falleros que quieran colaborar con nosotros mostrándonos sus trajes.

miércoles, 16 de febrero de 2011

Joaquín Agrasot: Sobremesa valenciana


Sobremesa Valenciana
1880-1890 Óleo sobre lienzo 44 X 77 cm.
Caja de Ahorros del Mediterráneo

EL AUTOR

Joaquin Agrasot Juan.

Orihuela (Alicante) 23 de diciembre de 1836, Valencia 8 de enero de 1919. De vocación temprana ingresó a los veinte años en la Escuela Superior de Bellas Artes de San Carlos de Valencia gracias a una ayuda de la Diputación Provincial de Alicante. Fue discípulo de Francisco Martínez.

En 1840 concurrió a la Exposición Agrícola Industrial y Artística en Alicante en la presentó seis cuadros, predominando los asuntos religiosos y consiguiendo la medalla de cobre. En 1863 la Diputación de Alicante en colaboración con la de Valencia, le conceden una pensión para ampliar sus estudios en Roma.
Desde Roma envía sus obras para las Exposiciones Nacionales. A la de 1867 presentó tres, una de ellas, su pintura más popular y puede que su obra maestra: Las dos amigas, es una pintura muy notable, de pincelada suelta y segura.

Agrasot destacó en la llamada pintura de género. Valencia sería la tierra que inspirara al pintor. La huerta valenciana y sus labradores son el centro de sus obras, hasta el punto que se le llamó “el pintor de los huertanos”. Sus pinturas son anecdotistas, desenfadadas, agradables y amables, sin ninguna pretensión de mensaje ni denuncia. También pintó a los labradores de la Vega del Segura.

Cultivó también otros temas como los religiosos, su obra Educación de la virgen y Sagrada Familia le valieron un premio. Cuadros de historia entre los que destaca La llegada de Carlos V en Juste. Cuadros de figura y de desnudo como Desnudo y Bacon joven, o Pastora leonesa que fue mención de honor en la Exposición Universal de París de 1889. También realizó con frecuencia retratos.

Fue un pintor muy querido y reconocido en Valencia. Sus inquietudes artísticas le hicieron viajar por varios países europeos Italia, Inglaterra y Francia en los que logró aprecio y distinciones. También fue un profesor muy querido y admirado por sus discípulos. Académico de San Carlos y de San Fernando, fue galardonado con la Orden de Alfonso XII. Fue también presidente del Círculo de Bellas Artes de Valencia actuando de jurado en certámenes nacionales.


LA OBRA

Como el título indica, la escena representada nos muestra a un grupo de gentes ataviadas con la indumentaria tradicional, celebrando la sobremesa de una comida campestre. En primera instancia, observamos a un hombre de espaldas que se acerca a la mesa llevando en una mano una guitarra y en la otra, la silla en la que se va a sentar. Tras él, a la izquierda podemos ver la mesa con otro hombre sentado de perfil, mientras dos mujeres al otro lado le observan. También al otro lado podemos apreciar a dos hombres de pie que se muestran atentos a lo que el guitarrista se dispone a hacer. Al fondo a la derecha observamos a una mujer sentada hablando con un hombre de pie y otra mujer que se aproxima llevando también una silla. La imagen muestra una serie de movimientos de los personajes que parecen crear pequeños núcleos de acción y que centran las tensiones de la composición.


Sobre el formato, horizontal y alargado, eminentemente narrativo, podemos apreciar una serie de líneas de fuerza horizontales y verticales basadas en la sección áurea que ayudan a distribuir los diferentes elementos y personajes sobre el soporte. Si observamos las dos barras verticales, podemos comprobar como el personaje principal se aproxima a la de la derecha, coincidiendo su mano y la pata de la silla con ella, mientras que la barra de la izquierda coincide con el personaje de semiperfil. En cuanto a las horizontales, vemos como la superior alinea las cabezas de varias personas, mientras que la inferior enmarca el mantel y las cinturas de los dos individuos más importantes.

Compositivamente, llama poderosamente la atención el contraste de la parte izquierda ocupada en gran parte por los pinos, con respecto a la derecha, mucho más despejada. El autor consigue equilibrar los pesos por medio de la blancura del mantel, algunos claros en la parte inferior de los pinos y las tensiones generadas por los personajes en la parte central. Por otro lado, las posiciones y miradas de los personajes consiguen provocar un recorrido visual por todos ellos, que consiguen hacer que el espectador abarque en un vistazo rápido toda la acción de la obra.



En cuanto al color, hay un predominio muy notable de los colores terrosos, verdes y blancos. Tan sólo encontramos otros colores en la parte central por una serie de blancos y negros aderezados con alguna nota de color más saturado en la zona central y en concreto en la indumentaria de los distintos personajes. De entre todos ellos, el autor sitúa los mayores contrastes cromáticos en los dos más próximos al espectador, para conseguir llamar la atención y para contribuir a potenciar la perspectiva atmosférica.

sábado, 12 de febrero de 2011

Los Barquillos

En este artículo comenzamos a hablar de forma más específica de pendientes de valenciana. En este caso hablaremos de los de Barquillo. Este modelo de pendiente es el que más aparece en los cuadros que estamos viendo en el blog, seguidos por los de a tres o de la Verge. Sabemos que fueron muy utilizados por las mujeres de la época y creemos también que resultaran interesantes pictóricamente hablando.


Actualmente siguen siendo utilizados, pero en menor medida, por la aparición de otros modelos o por las modas. Y es una lástima porque se cree que posiblemente estemos hablando de un modelo autóctono de pendiente ya que solo se ha encontrado este tipo de armazón en la zona de Valencia.


Por tanto los Barquillos son unos pendientes muy antiguos y populares. Parece que son una evolución de los De a tres. Los más antiguos normalmente eran de oro y piedras preciosas pero también de plata sobredorada o latón. No solían formar parte de ningún conjunto, normalmente eran independientes y se combinaban con las otras piezas que se tuviera como era la aguja de pecho.

Consta de un orejal, un cuerpo central apaisado y tres colgantes de perlas que penden de él. El cuerpo central podía llevar perlas pequeñas alrededor de esmeraldas y si no era posible se utilizaban espejuelos de color verde o blanco.
Los tres colgantes de perlas que penden de este cuerpo central son de mayor tamaño que las anteriores. Normalmente son dos perlas por cada fila, aunque también los hay con tres perlas. En algunos casos llevaban dos perlas por fila y tres en la fila de en medio.


Creemos que el uso de los Barquillos hoy en día se tendría que difundir más y encontrarse más a mano en tiendas. Ya que siempre disponen de innumerables modelos de pendientes más actuales y con unos diseños de fantasía en detrimento de éstos tan especiales y antiguos que en ocasiones ni los conocen. No es el caso de los orfebres que siguen reproduciendo piezas antiguas.

sábado, 5 de febrero de 2011

Espolines Falleras Mayores de Valencia

El día de la proclamación de Laura Caballero y Carmen Monzonís como Falleras Mayores de Valencia del año 2011 se despejó uno de los mayores secretos que todo aquel que está interesado en la indumentaria valenciana espera con más interés. Saber el color del espolín FMV y FMIV.

Como sabemos este espolín es un regalo del Ayuntamiento a nuestras máximas representantes. Hace ya 10 años se encargó la realización de un diseño para hacer unos espolines únicos que solo pudieran llevar las Falleras Mayores de Valencia. Por ello se convocó un concurso para seleccionar los dibujos oficiales de estos espolines. Diversos tejedores valencianos presentaron sus propuestas. Siendo elegidos los diseños de Rafael Catalá, uno de estilo neoclásico para la Fallera Mayor y otro de estilo palaciego para la Fallera Mayor infantil de Valencia.

Desde entonces tres empresas de tejidos han ido elaborándolos año tras año, Catalá, Garín y Vives y Marí.

Al tratarse de un espolín y al hacerse manualmente se pueden elegir todos los colores y detalles, como el color de la trama y urdimbre, de las diferentes flores y guirnaldas, hasta el más mínimo detalle para darle el toque personal a cada una de ellas. Y aunque el dibujo sea el mismo el resultado siempre es diferente.
Espolin FMV
Se trata de un tejido de seda creado artesanalmente. Este año el encargado de realizarlo ha sido Vives y Marí. El dibujo es un ramo central simétrico envuelto en unas guirnaldas.


Es un espolín de color “borgoña” con tres tipos de metales. El ancho del tejido es de 54 cm. y se han utilizado 6.210 hilos para la urdimbre y 35 colores de trama.
Espolín FMIV

Este espolín lo ha realizado Rafael Catalá y ha sido tejido en telar de manera de forma artesanal. El dibujo es un ramo central asimétrico envuelto por una guirnalda simétrica al igual que todos los demás detalles.

El color es un azul “violeta”. El ancho del tejido es de 54 cm. En el se han utilizado 800 agujas, 40 colores de trama y 6 metales diferentes.


Como novedad Catalá ha querido darle más importancia al ramo central enriqueciéndo las hojas con metal de oro y seda color ocre verdoso. Y se ha difuminado la guirnalda que envuelve el ramo con una seda de un tono parecido al color del fondo. Esta vez los metales aparecen esparcidos por todo el tejido resaltando los detalles más sencillos.

viernes, 28 de enero de 2011

La Faltriquera

La faltriquera también llamada manera, era un pequeño bolsillo interior que se ataba a la cintura por medio de cordones para llevar dinero, llaves, pañuelos de mano o algún objeto pequeño.

Estos bosillos sueltos se llevaban bajo la falda. Rara vez eran utilizados en el exterior, ya que se llevaban encima de la enagua o del refajo, coincidiendo bajo la abertura lateral de las faldas de manera que se facilitaba el acceso a ellas. Algunas iban provistas de una especie de ojal por el que se íntroducía la mano.

Se confeccionaban con tejidos de algodón, lana o hilo. Al tener un tamaño reducido y al utilizarse interiormente algunas se confeccionaban con restos de otras piezas. Las había sencillas o muy elaboradas con la aplicación de ribetes, recortes, bordados de iniciales, pequeñas piezas superpuestas del mismo tejido con algún ribeteado y otros motivos ornamentales.
También las había realizadas en punto de aguja con dibujos y colores semejantes a los de las medias y de ganchillo.
La faltriquera era una pieza de la indumentaria muy útil, ya que las mujeres no llevaban ningun otro elemento que pudiera hacer este papel. Siendo ésta tan práctica y de uso corriente, acabó obsoleta al cambiar la estructura de la falda. Su diseño sin aberturas a los lados impedía el acceso a ellas.

Hoy en día se siguen utilizando las faltriqueras que normalmente van incorporadas en las enaguas. Aunque para esto se tenga que arremangar la falda para acceder a ellas. Ya que como antiguamente es la única prenda donde se puede llevar guardado cosas de utilidad cuando se va vestida de valenciana.

jueves, 20 de enero de 2011

Las Enaguas

Las enaguas también llamadas sinagües, brials o faldetes de davall. Es una falda interior, que se llevaba puesta encima de la camisa en un número nunca inferior a dos, para dar vuelo a las faldas que se llevaban sobre ellas.

Para su confección se necesitaban de tres a cuatro metros de diámetro según el modelo. Su vuelo se recogía a la cintura por medio de pequeños pliegues y una pretina. En la parte trasera los pliegues llevaban el doble de tejido que la parte delantera. O sea que un tercio del tejido era para la parte de delante y dos tercios para la parte de detrás. Para su sujeción se utilizaban cintas que recogían la parte de detrás y la ataban delante. La parte de delante cruzaba por detrás, atándose también delante. De esta forma quedaban dos aberturas laterales que podían ir ornamentadas.

Su longitud era variable y dependía de las modas del momento de las faldas, siendo de unos 25-30 cm. desde la orilla hasta tierra en el siglo XVIII y prácticamente hasta el suelo en el siglo XIX y XX.

Las enaguas se confeccionaban con materiales hechos en casa como el lienzo y adornadas con lienzo fino o de botiga. Solían ser blancas o de color crudo, también se han encontrado de algodón, hilo y de colores pálidos.

Las ornamentaciones estaban en la parte inferior de la enagua, podían lucir lorzas o jaretas. También llevaban cordones entrecosidos para darle consistencia y servir de refuerzo a la prenda para poder aguantar mejor el peso de otras enaguas y de la falda o guardapeus que se llevaran encima de todo. Las enaguas que iban situadas más interiormente eran sencillas, casi sin adorno.

Las sobresinagües son las enaguas que se llevaban puestas más hacia el exterior, sobre las otras enaguas. Su confección era más esmerada y se utilizaban para los días de fiesta. Estaban profusamente adornadas con puntillas o randas, entredoses y bordados, solían llevar las iniciales de la propietaria que resaltaba el valor de la pieza. También llevaban volantes acabados en recto, ondas o puntas que tenían una doble función, adornar la prenda y ahuecar el conjunto.

A mitad del siglo XIX la prenda evoluciona y comienzan a llevarse enaguas más finas con tejidos como la batista, el hilo y el algodón y con menos vuelo a la cintura. Este vuelo se recogía por medio de una pretina que acumulaba el vuelo en la parte de detrás con una sola abertura y con una amplio volante adornado con lorzas pequeñas y encajes.

Actualmente las faldas o guardapeus de las mujeres resultan muy pesadas por la cantidad de tejido que llevan. Así que la gran mayoría han suplido el tener que llevar varias enaguas por los ahuecadores que han proliferado en los últimos años. De esta forma solo llevan una enagua fina encima del ahuecador muy adornada como las comentadas anteriormente y que observamos en las fotos. Esto hace que el conjunto resulte más ligero.

Las fotos de las dos enaguas actuales nos las ha proporcionado Monmeneu, la primera es de Margarita Vercher y la otra de La Llar del Fil.

viernes, 14 de enero de 2011

Los Pendientes

Los pendientes o arracades, son piezas utilizadas por todas las mujeres para su adorno y embellecimiento sea cual sea su condición social.
Dependiendo del poder adquisitivo de cada persona, podían ser unos pendinetes sencillos tanto en el diseño como en los materiales o de verdadero lujo con oro y piedras preciosas. En ocasiones formaban parte de un aderezo, pero no siempre.

Existía gran variedad de modelos, los más antiguos y corrientes eran simple aros. Estos aros fueron transformándose y sirvieron como base para la sujección de otros modelos, esta pieza se llamaba candado. Su forma podía variar y no siempre tener aspecto de aro.

Los pendientes más conocidos y utilizados en el siglo XVIII eran: Gallega, De a uno o de chorro, De hoja, De a tres o De la Verge, Barquillos, estos ultimos podían ser la evolución de los anteriores, de lámpara, etc.

Estas piezas más antiguas solían ser de oro con esmeraldas, espejuelos y perlas de menor o mayor tamaño según el diseño.

Los modelos más utilizados en el siglo XIX eran: Polcas, de balconet, de barqueta, de pardalets y sobre todo los de racimo.

Estos pendientes estaban realizados en oro, plata, plata sobredorada y otros metales. También llevaban perlas.

Próximamente iremos hablando de todos estos pendientes de forma más detallada.

jueves, 6 de enero de 2011

La Pedida - La indumentaria

El cuadro elegido en esta ocasión, presenta una composición en la que aparecen tres personas. En él vemos como una señora mayor, enseña a una joven lo que, por lo que intuímos dado el título de la obra, es su regalo de pedida.
El regalo en cuestión es un aderezo compuesto por unos pendientes conocidos como Barquillos y también por las agujas y pinchos para el pelo.

Llama la atención la variedad de pendientes que observamos en el cuadro. La joven luce unos De a tres, también conocidos como De la Verge. La señora creemos que utiliza unos De Lazo, aunque no se aprecia bien y los del regalo que ya hemos comentado son los Barquillos.

La chica joven luce un corpiño o jubón de manga larga de color rojo liso y una falda o guardapiés azul grisáceo con estampado. Observamos que lleva el pañuelo o manteleta, de seda o muselina, con bordados de hilos de oro. No utiliza ninguna pieza como la joya o joia, o la agulla de pit para sujetar el pañuelo que lleva cruzado sobre el pecho.

El delantal es también de un tejido vaporoso con encajes y puntillas blancas haciendo cenefas. Antiguamente no era habitual llevar la manteleta y el delantal haciendo juego como se lleva ahora en la actualidad.
También vemos que tiene la falda un poco subida dejando ver la enagua con una puntilla grande en el borde y unas medias de color blanco.

Como calzado utiliza unos zapatos con un pequeño tacón de madera y con un lazo de adorno. Posiblemente estén forrados con el mismo tejido de la falda.

Lleva como peinado los tres moños con las tres peinetas, las pequeñas de los lados y la grande de atrás, así como las agujas para sujetar el moño.

La señora mayor utiliza una camisa con las mangas hasta el codo con puntilla y una falda sencilla, casi sin dibujo de color claro. Luce un pañuelo estampado en colores rojizos, posiblemente de algodón y un sencillo delantal claro.

A la cabeza observamos que solo lleva el moño de atrás con las peinetas pequeñas a los lados y las agujas que sujetan el moño.

Por la forma de las prendas de vestir de las dos mujeres vemos que la señora lleva la ropa más apropiada para realizar las tareas domésticas o para diario y que las de la joven son de más vestir.

El hombre que está en la parte de atrás del cuadro utiliza una camisa de manga larga con un calzón oscuro y unas medias taloneras de color verde. A la cintura lleva anudado un pañuelo a modo de faja. Encima de la camisa lleva un jopetí o chaleco abierto de color verde oscuro con tres botones haciendo de adorno a cada lado del delantero.

En la cabeza luce el pañuelo anudado de la forma De cua o en tres, con las puntas colgando en la sien derecha.

Como calzado utiliza unas alpargatas o espardenyes de careta.

martes, 28 de diciembre de 2010

La Pedida. Vicente Nicolau Cotanda


LA PEDIDA (1889)
Óleo sobre lienzo, 137`5 x 87cm.
Colección Bancaja.

EL AUTOR

Vicente Nicolau Cotanda (Sagunto 5 de abril de 1852 – Buenos Aires 3 de junio de 1898)
De orígenes humildes, sus primeros años los pasó en Sagunto alternando el estudio de la pintura con trabajos para ayudar en casa. Se trasladó con su familia a Valencia donde ayudó a su padre en la fabricación de mesas, sillas y cestas de mimbre. Pronto destacó en las exposiciones celebradas en Valencia. Con esfuerzo entró en la Real Academia de Bellas Artes de San Carlos, donde cursó sus estudios, ampliándolos más tarde en Madrid y obteniendo importantes premios por su obra de costumbres regionales y paisajes. Sus progresos en arte fueron rápidos y se dedicó a los diecisiete años a pintar abanicos llegando a ser jefe de un importante taller.

En Valencia fue discípulo de Ignacio Pinazo Camarlench (1849-1916). A los dieciocho años se dio a conocer en los círculos artísticos. En la primera exposición colectiva que participó consiguió un gran éxito con sus cuadros "La aguja de marear" y "Flor preferida" (1880) galardonados con medalla de plata. En 1883 presentó su obra "Regreso del Sermón" obra inspirada en la huerta de Valencia, que fue premiada con medalla de plata. En la exposición del Círculo de Bellas Artes (1884) presentó la obra "La visión de Fray Martín". En Cádiz (1884) participó con su cuadro "La primera plana". Para el salón de sesiones del Ateneo Mercantil de Valencia pintó el retrato de Alfonso X el Sabio (1882).

En 1879 es secretario del Ateneo Científico-Literario de Valencia. En 1880 regaló a dicha institución un cuadro inspirado en la cultura árabe. En aquellos días finalizó su óleo "La expulsión de los moriscos del reino de Valencia". Otras de sus obras que fueron premiadas son; "La pedida" y "El rey de la casa". El 10 de junio de 1885 se inauguró en Valencia una exposición de pintura en el Círculo de Bellas Artes. En aquella ocasión consiguió el premio del Ateneo Científico-Literario y una de las cinco medallas que ofreció la Academia de Nobles y Bellas Artes.
Emigró a Buenos Aires donde se estableció hasta su muerte.

La obra de Nicolau Cotanda fue muy extensa y se encuentra en numerosos museos y pinacotecas tanto estatales como privadas.

LA OBRA

El cuadro representa el momento de la entrega de unos aderezos a una joven. El título, “la pedida” nos hace sospechar que la joven es la prometida del personaje que aparece al fondo de la imagen y que es la madre de ésta la que hace de intermediaria en el acto de entrega de dicha ofrenda.

Lo primero que llama la atención de este cuadro es el formato vertical, generalmente menos narrativo que el formato horizontal. Se trata de una escena de interior. Observamos que la parte superior no aporta demasiado a la obra, excepto la sensación de altura del espacio, posiblemente utilizado para sugerir la posición social de la joven. Por otro lado, el joven al fondo se encuentra algo comprimido en la obra. Tampoco podemos apreciar espacio del exterior, ya que la ventana aparece interrumpida por las estrecheces del formato. Tan sólo podemos considerar como elemento que comunica el espacio interior con el exterior a la luz que baña toda la escena.

Compositivamente, el elemento fundamental de la obra y organizador de toda la estructura, es el estuche que la señora muestra a su hija. Se encuentra centrado en la obra y sus tonos azulados, contrastan con la tónica general de la obra dominada por los colores complementarios de éste, como son el rojo y toda la gama de marrones, además de los blancos, grises y negros. Si nos fijamos, podemos advertir como el espacio se articula según una perspectiva de tipo cónico frontal, cuyo punto de fuga se encuentra sobre el estuche. Una serie de líneas de tensión dirigen nuestra atención hacia este elemento. Y alrededor de él, se organiza la escena representada.
La muchacha sentada en la silla en posición relajada, recibe la ofrenda de manos de su madre. El corpiño rojo y el mantón de la señora también rojizo enmarcan el objeto. Únicamente volvemos a ver tonos rojizos y rosados en las flores de la izquierda y la manta morellana de la derecha. El suelo de tonos marrones y el reloj centrado al fondo actúan como recipiente triangular de los elementos fundamentales de la obra mientras que el resto de la escena se articula en tonos más neutros, blancos, grises, pardos y negros, con el fin de no disminuir el protagonismo de las dos mujeres.

lunes, 20 de diciembre de 2010

miércoles, 8 de diciembre de 2010

Tejidos Cortes de Honor de las Falleras Mayores de Valencia del 2011

Vamos a conocer más de cerca los tejidos que se emplearan para confeccionar el primer traje de valenciana de las cortes de honor de las Falleras Mayores de Valencia del 2011.

Corte de Honor de la Fallera Mayor Infantil de Valencia.

Las niñas de la Corte de Honor Infantil llevarán como primer traje un tejido de la empresa Vives y Marí llamado Santa Lucia. El tejido es una seda estrecha de 54 cm. de ancho realizadas con nobleza al tono. Está formado por 16 colores de trama y metal de oro como ornamento.

El dibujo central es pequeño; ideal para ser llevado por niñas. Es un dibujo clásico formado por una flor central rodeada de otras tres más pequeñas acompañadas de hojas de hilo dorado. Todo este conjunto y los de alrededor están ribeteados por unas guirnaldas del color del tono del fondo del tejido o un poco más claro.

Los colores que llevarán por parejas las niñas de la corte son el blanco, lavanda, olivina, rose, azul claro y aguamarina.

Con estos tejidos se confeccionarán los vestidos del siglo XIX que llevarán el día de la exaltación de la Fallera Mayor Infantil de Valencia realizados por Enrique Marzal.

Corte de Honor de la Fallera Mayor de Valencia

Las señoritas de la Corte de Honor de la Fallera Mayor de Valencia llevarán como primer traje un tejido de la empresa Rafáel Catalá. El tejido forma parte del archivo histórico de la empresa, el original data del 1830. Es un dibujo característico del siglo XIX llamado Vénetto.

El tejido es una seda estrecha de 54 cm. resalta en ellos el metal color aceite volteado con un metal de oro fino y unos detalles en metal de plata. Predominan los colores oscuros de sus fondos y la elegancia de sus suaves tramas.

Su dibujo es clásico y representa un diseño floral. En el se observan dos centros visuales bien definidos destacando el movimiento de sus flores.

Los colores que llevaran por parejas las señoritas de la corte son el azul Prusia, verde esmeralda, cereza, naranja, gris magma y tabaco.

Estos tejidos son los elegidos para realizar los trajes del siglo XIX que llevaran en la proclamación de la Fallera Mayor de Valencia, confeccionados por Josep Corts.

domingo, 28 de noviembre de 2010

Carlos Salvador

Abrimos la sección Nuestros trajes con Carlos Salvador, indumentaristas que ya colaboraron con nosotros anteriormente.

Vamos a conocer más a fondo su trabajo detallando el traje que le confeccionaron a Ariadna Galán Garcia Fallera Mayor Infantil de Valencia del año 2010.

Su vestimenta es una reproducción del siglo XVIII tanto en el jubón como el guardapiés y está confeccionado con un tejido de seda espolinado.

El fondo del tejido es de color crudo con pasadas de hilo de plata y flores en color rosa y rojo carmín.

El jubón está envarado interiormente y va cerrado por medio de un cordón pasado por ojetes. La parte trasera del jubón acaba en una cola puntiaguda. Toda la parte de la cintura va rematada con una faldilla plegada y lleva en el borde una cinta de color rojo carmín como las flores del tejido.

La manga hasta el codo esta rematada con una puntilla y va guarnecida con cinta roja al igual que la faldilla.

El pañuelo y delantal son de seda natural bordados en cadeneta y adornadas con lentejuelas de plata.

Observamos que en la orilla de la falda lleva un bies o borde del mismo tejido todo alrededor de la misma.

viernes, 26 de noviembre de 2010

Nuestros trajes

Inauguramos la sección Nuestros trajes. En ella podremos ver trajes de nuestros indumentaristas explicados detalladamente por ellos y acompañados de fotos para poder admirar sus trabajos.

Si alguien quiere enviarnos fotos acompañadas de la explicación de sus vestidos puede hacerlo y se las publicaremos.

martes, 16 de noviembre de 2010

Las Cofias masculinas

También llamadas redecillas. Fue una pieza llevada tanto por hombres como por mujeres, pero ahora nos centraremos en las cofias masculinas.


Ha sido una pieza muy utilizada ya que podía llevarse sola o debajo de sombreros y usarse en el trabajo o en ocasiones de más vestir.
Era una especie de bolsa de tela o de punto de red que se utilizaba para recoger el cabello. Se fruncían y recogían por medio de un cordón o cinta y se ajustaban a la cabeza mediante un nudo o lazo más o menos vistoso.

Las cofias se confeccionaban con punto de media, de esta forma podían llevar diferentes variedades de punto y ser más o menos caladas.

Empezaron realizándose a mano pero más adelante y debido al éxito de esta pieza se tejieron en telares mecánicos.

Las utilizadas para uso diario eran de hilo o algodón. Las llevadas en ocasiones especiales y de mayor lujo estaban realizadas con seda y podían llevar incrustados hilos de oro y plata.
Como adornos solían llevar cintas, galones, borlas y bordados de plata y oro. En su extremo podían llevar borlas o madroños colgando en forma de cascada.

Sus colores eran muy variados predominando el rojo, amarillo, azul o verde. También podían estar combinados entre ellos.

martes, 9 de noviembre de 2010

El Brocado

Tejido a la Jacquard de seda gruesa entretejida con hilos, en el que el fondo o las grandes zonas de dibujo presentan efectos de trama de metal de oro y plata o de seda más brillante. La urdimbre sobresale del resto del tejido produciendo relieve en el dibujo.

Es un tejido fuerte todo de seda y adornado con dibujos de distinto color que el fondo.

Antiguamente estos tejidos eran considerados ricos y de calidad al llevar en ellos abundante decoración.

Los brocados más comunes tienen dos colores, uno para formar la urdimbre y otro para la trama. Aunque existen otros menos usuales con dos o tres colores de trama.

Sus dibujos más frecuentes son de flores, animales, figuras geométricas y hojas. Están realizados con raso de ocho lizos y cuando éstos dibujos son grandes se suelen utilizar también para tapizar muebles.

Existen brocados realizados más recientemente con rayón, viscosa y algodón. De esta forma vemos como varía la textura y el grosor del tejido dependiendo de los materiales en que esté realizado.

martes, 2 de noviembre de 2010

La Camisa de hombre

El origen de esta prenda es muy antiguo, iba colocada encima de la piel y solía llevarse tanto de día como de noche. Su composición estaba formada por varias partes.

El cuerpo también conocido como árbol o arbre. Cubría desde los hombros a las rodillas, podían ser aproximadamente de unos 90 cm. de largo y de 74cm. de ancho. Además solían llevar unas piezas triangulares en los laterales llamadas gayas o nesgas para darle mayor holgura.
Las costuras laterales se cosían hasta unos 60 cm. por lo que quedaban unos 30 cm. sin coser para facilitar el movimiento. Esta parte se conoce como falda o faldones.
Las camisas más antiguas no llevaban ni pechera ni canesú. Estaban confeccionadas en una sola pieza sin cortar en la parte superior y sin unión en los hombros. La parte alta se escotaba adaptándola al cuello, el frunce se recogía por medio de una pieza llamada cabeç o cabeza. Esta pieza es de unos 6 a 7 cm. de ancho y doblada formaba el cuello de la prenda. Se cerraba con dos botones o pasadores de lino o metal por medio de dos ojales. La zona de los hombros iba reforzada.



El pecho llevaba una abertura en la parte delantera, alrededor de la cual se ponía una tira llamada babero. En la parte interior de esta pieza quedaban escondidos los botones para abrochar la prenda. En la parte inferior del babero podía llevar bordadas las iniciales del usuario.

Otra parte de la camisa son las mangas que se colocaban a la altura de los hombros. Eran rectangulares y muy anchas, fruncidas en sus dos extremos en hombros y puños. Llevaban una pieza de tela cuadrada en la zona de las axilas que unía la manga al cuerpo llamado esillero o eixelleró. Ésta servía como protección de la zona y para proporcionar mayor movimiento al brazo.
El puño estaba formado por una tira de lienzo de unos 3 a 5 cm. de ancho y de 18 a 22 cm. de largo también llamado endoblegó. Se abrochaba por medio de un botón y ojal.


Las camisas estaban confeccionadas con hilo y lienzo en todas sus calidades y variedades. Las zonas visibles llevaban tejidos de mejor calidad. Con el paso de los años se utilizó el algodón, que resultaba más práctico y económico. Más adelante se introdujo el color en forma de rayas pequeñas y motivos geométricos.
Las más lujosas lucían bordados en la zona del babero, hombros, cuellos y puños de punto de cadeneta normalmente en color blanco y deshilados.

La hechura de la camisa se mantuvo durante el siglo XVIII y el inicio del XIX. Luego comenzaron las modificaciones de las mangas, cuello y pecho donde aparece la pechera. La distribución del vuelo se recogía en pequeños pliegues que aplanaban esta zona. Esta pechera también se podía adornar mediante puntillas y encajes.
Más adelante esta pieza se colocó postiza cosida a la camisa.

Las mangas se hicieron más estrechas y desapareció el esillero. El cuello también evolucionó pasando a ser una tirilla.
En el siglo XIX la camisa fue cubierta por la blusa y pasó a utilizarse como prenda interior.

lunes, 25 de octubre de 2010

Sombrero de Copa Alta

También llamado cossiol o pistó. Este sombrero tiene el ala pequeña y la copa bastante alta, un poco más estrecha en su parte superior.

Son muy rígidos al ir armados interiormente. Solían ser de paño y de color negro.

Este tipo de sombreros en un principio no era muy popular. Más adelante en el siglo XVIII y primeros del XIX se popularizó su uso entre los labradores.
Se utilizaba en celebraciones religiosas o lúdicas y solía llevarse combinado con la capa. También fue utilizado por las autoridades de los pueblos.

sábado, 16 de octubre de 2010

Joc de Pilota a Llargues - La indumentaria

Estamos ante otro cuadro donde se aprecia muy bien la indumentaria masculina. La figura central es un jugador de pelota que va vestido de forma cómoda para realizar mejor el ejercicio físico. Esto es, una camisa amplia y un saragüell, en la cintura lleva anudado un pañuelo y en las piernas una medias taloneras de color verde sin espardenyes.

En la parte izquierda del cuadro observamos un gran grupo de gente mirando la partida de pelota. La fila de delante está compuesta suponemos por la forma de vestir por las autoridades del pueblo y el párroco. Van vestidos más lujosamente con trajes completos de calzón y chupa con camisas y chalecos. En sus cabezas el hombre del traje color ocre lleva un sombrero llamado Cosiol o de copa alta. Este tipo de sombreros solían llevarlos las autoridades de los pueblos.

Vemos medias de distintas formas, taloneras y medias. Con variedad de colores, como son el verde, azul, negro, rojo y blanco.

La mayoría de los hombres llevan cubierta la cabeza, ya sea con pañuelos anudados de varias formas, cofias o redecillas y sombreros como el cosiol nombrado anteriormente, otro de tres puntas y una montera.

Observamos que todos llevan fajas anudadas a la cintura tanto lisas como ralladas. Y que todos los hombres situados en primera línea de cuadro calzan espardenyes de careta. Como acompañamiento algunos llevan mantas de colores llamativos de mayor o menor calidad.

Vemos dos hombres vestidos con una chupa acompañada de un pantalón largo, uno a cada lado del cuadro.

Las pocas mujeres que aparecen están dentro de las casas ligeramente asomadas a las puertas. La que mejor se ve está situada en la parte derecha y utiliza un pañuelo estampado cruzado de color granate con los bordados o dibujos en tonos grises. Luce unos pendientes sencillos aunque no se aprecia bien la forma y solo utiliza una peineta.

martes, 12 de octubre de 2010

José Bru Albiñana: Joc de Pilota a LLargues



JOC DE PILOTA A LLARGUES
1881
Museo San Pio V, Valencia

EL AUTOR.

José Bru Albiñana, Valencia (1855-1921). Poca es la información de la que disponemos acerca de este autor, a pesar de la popularidad de la obra en cuestión. Sabemos que comenzó pintando abanicos y que con intención de aumentar sus conocimientos pictóricos, se matriculó en la Escuela de Bellas artes de San Carlos de Valencia. Tras ganar una oposición convocada por la Diputación Provincial de Valencia es becado para estudiar en Roma. Allí comenzó su inclinación costumbrista, tan popular en el siglo XIX. Dentro de esta corriente artística, cabe destacar sus obras dedicadas al deporte valenciano por excelencia: el juego de pelota a mano.

LA OBRA

Nos encontramos ante una obra descriptiva y dinámica. Se nos muestra a unos jugadores de pelota en una calle, con unos cuantos espectadores alrededor de la escena. Lo primero que llama la atención en cuanto a su composición son las tensiones generadas por el tipo de sistema de representación. Se trata de una perspectiva de tipo cónico y frontal (con un solo punto de fuga, donde confluyen todas las líneas relativas a las profundidades). Dicho punto se halla en la parte derecha de la obra, dotando al conjunto de una gran profundidad.


El personaje principal, jugador de pelota, aparece bastante centrado dirigiendo la atención hacia dicho punto y reforzando la tensión visual del espectador con el dinamismo de la pose. A los lados de la escena hay dos grupos de espectadores que funcionan como elementos de equilibrio para la obra, aportando estabilidad a toda la imagen. No en vano, el grupo de la izquierda es más amplio para compensar el desequilibrio del punto de fuga a la derecha. También vemos al fondo varios personajes a los lados de la calle y a otros jugadores, aunque de mucha menor importancia.

En cuanto al color, podemos observar un fuerte predominio de los tonos tierras, ocres y blancos, tan solo matizados por algunos discretos toques de azules, grises, negros y verdes que aporta el necesario contraste. Podemos concluir que respecto al color, la obra está sabiamente armonizada. La luz no es excesivamente fuerte, no hay excesos de claroscuro y apenas se aprecian sombras arrojadas en el suelo. Se trata de la iluminación propia de un día nublado tal y como podemos apreciar en el celaje representado.