Es un tipo de mantilla más actual ya que se utilizó hasta
el inicio del siglo XX. Fue muy utilizada en el resto de España.
Este
tipo de mantillas consta de tres partes. Una pieza central
normalmente rectangular de unos 70-100 cm. de largo por 30-50 cm. de
ancho, de seda como el raso, terciopelo o tafetán.
La segunda pieza va cosida a la anterior. Es una tira de encaje de 30-50
cm. de ancho y una longitud considerable para que bordee la pieza
central de forma holgada. Los lados y la parte central de abajo
está más fruncido que el resto.
La
tercera pieza es el cuadro o cuadrillo. Es una pieza rectangular que está en contacto con la cabeza. Esta
pieza era de encaje ancho, de 50-60 cm. con una longitud de alrededor
de 1 metro. Va cosida y fruncida al borde y se dirige en forma de
velo hacia la frente y cara.
Esta
mantilla se colocaba cubriendo los hombros, el pecho y la cabeza,
apoyándose la parte rectangular sobre el moño.
Para proteger el rostro se dejaba caer el cuadrillo hacia la cara.
Los
colores eran el blanco y el negro.
Los
centros del rectángulo se adornaban con cintas, bordados,
recortes, azabaches, terciopelos labrados o podía no llevar
nada de adorno.








A partir de la segunda mitad del siglo XIX aparecen las de color negro y de tejidos espesos de paño y seda. Las más ricas solían llevar ornamentos a base de bordados de realce, recortes de terciopelo, pasamanerías, aplicaciones de abalorios, etc.
Otras más sencillas llevaban una cinta o bies de terciopelo o seda por todo el contorno de la pieza formando una especie de cenefa.
Los tejidos empleados para la confección de las mantillas eran la lana, seda y algodón. Dentro de las de lana estaban las de bayeta o paño que fueron muy utilizadas.
Próximamente hablaremos de todas ellas de forma más detallada.